Seres Humanos y Naturaleza Canina
- Dave Barba
- Feb 3, 2025
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Updated: Feb 10, 2025
Por: Dave Barba
Uno de los temas más recurrentes durante una intervención conductual-psicológica sobre un perro es la naturaleza, instinto, impulsos, comportamiento propio y necesidades particulares de su especie. El amo de un perro (amo y no dueño, pues “dueño” le da a cualquier animal una connotación de objeto que claramente no aplica para los seres vivos) que presenta problemas conductuales, malos hábitos, actitudes destructivas, agresivas etc. Continuamente se es testigo de una forma “descontrolada” de la expresión del instinto canino y el sorprendido amo, siendo medianamente consciente del hecho, no logra comprender cómo es que un perro que ha nacido en un hogar humano, que ha sido criado rodeado de humanos y otros perros, que ha tenido comida día tras día, desde el inicio de su vida, que ha dormido en su cama, que ha comido de su plato (por dar solamente unos cuantos ejemplos) de pronto “se ha vuelto loco”.

Es evidente para la mayoría de los seres humanos (Homo sapiens) que el lazo que nos une con otras especies domesticadas desde hace miles de años es sumamente robusto, sabemos sin necesidad de haber vivido en la época justa, cuando las especies de granja actuales fueron incluidas en nuestra vida cotidiana, que gracias a esas afortunadas asociaciones gozamos de una vida mejor, y nuestra asociación con nuestros amigos caninos (Canis lupus familiaris), descendientes directos de alguna o varias especies de lobo (Canis lupus) no es la excepción.
El día de hoy nadie podría negar la importancia que nuestros caninos amigos tienen en nuestras vidas, su uso como animales de trabajo en granjas, campo, cacería, cobro, guardia, antinarcóticos, y un centenar más de etcéteras, hasta el uso como perros de compañía, asistencia psicológica, y medicinal ha mejorado la vida del ser humano enormemente al facilitar las tareas que hemos realizado a través de la historia, la inclusión de los canes en nuestra sociedad fue quizá una de las primeras forma de obtener “humanos aumentados”, tal y como sucede hoy en día con la tecnología que nos rodea y que nos facilita virtualmente todo.
Pero precisamente la sustitución de nuestros cánidos amigos por la tecnología ha sido solamente uno de los múltiples factores que ha desatado una ola de perros ansiosos, deprimidos, agresivos, compulsivos, insatisfechos y por demás, contenidos. Pero esta explicación no satisface completamente lo que está ocurriendo, incluso suena a una explicación “demasiado fácil” y sin fondo.
Bueno, entonces hay que darle fondo, este fondo es el tema preciso de esta nota.
Antes que nada me gustaría invitarte a hacer un ejercicio mental, imagina que eres un lobo europeo (Canis lupus lupus), que eres descendiente de “alfas” (me refiero a hembras y machos alfa) por ser aquellos que tienen mayor éxito reproductivo en condiciones naturales (salvajes), los cuales han sido seleccionados por la naturaleza durante millones de años, dicha selección natural incluye periodos de hambre, sequías, tormentas, inundaciones, depredadores, competencia por territorios peleas, heridas, fracturas, y mucho más de lo que la mayoría de nosotros podríamos imaginar.
Por azares del destino naces cerca de un asentamiento humano y de alguna manera fortuita siendo aún un cachorro “inofensivo” un H. sapiens, es decir, un ser humano, te toma como mascota, te encierra, te amarra o lo que sea para contenerte y que no escapes, pero lo intentas hasta el cansancio, muerdes, aúllas, gimes, duermes, despiertas, intentas una y mil veces más romper la jaula, la cuerda, lo que sea que limita tu libertar, que sin ser consciente añoras, pues es tu naturaleza, tu instinto te obliga a dar la vida por ello.
Después de intentar e intentar no mueres, pues eres alimentado por un miembro de otra especie, eres arropado, tienes agua disponible, refugio, compañía, aunque nada de ello se parece a tu naturaleza, nada de ello encaja, por así decirlo con tu instinto, no te satisface, pero no mueres, pasan los meses y eres gradualmente condicionado a más estímulos pues es siempre la misma o mismas personas quienes te dan alimento (quizá sobras de comida), agua, calor, etc., escuchas siempre la misma voz, percibes siempre el mismo aroma, quizá la misma palabra, quizá un nombre, quizá alguna vez lo mordiste y recibiste una golpiza por ello, quizá no comiste durante días después del suceso (no te alarmes, recuerda que eso sucedió hace cerca de 16 mil años en un mundo “salvaje” donde aun prevalecía la supervivencia del más apto).
Y bueno, estás ahí arrinconado un tanto maltrecho y condicionado (léase “condicionamiento pavloviano”) y en resumen tu vida depende de dos cosas: a) te portas “bien” = premio; b) te portas “mal” = castigo.
Así progresivamente vas abandonando las “malas actitudes”, al menos todas aquellas que por algún motivo te generan malas experiencias, bien, estás siendo moldeado, condicionado, así transcurre tu vida y algún día eres sacado del encierro, no lo comprendes pero has generado algún tipo de confianza en tus amos, ya que desde hace meses no muerdes, no arremetes contra la jaula, etc.
Para no hacer el cuento largo, tu instinto te “traiciona” y al ser liberado del encierro huyes, pero espera, recuerda dos elementos fundamentales: primero, fuiste encerrado desde cachorro y por lo tanto careces de habilidades para cazar; y segundo, has sido condicionado con que la presencia de los humanos representan comida y refugio, pero, el instinto te dice que vayas a la montaña, y así lo haces, allá te encuentras con tus congéneres, lobos 100% salvajes, tienen un lenguaje que no comprendes, que al interactuar con el tuyo, uno escasamente desarrollado, impide una comunicación efectiva, simplemente hablan dos idiomas a pesar de que cuentan con los mismos elementos físicos y corporales para expresarse.
Y bueno, todo esto desata una golpiza, pues quizá lo que para ti representa un “hola” (bien viso para los humanos con los que creciste) para los lobos significa un “estoy a punto de morderte”, digamos que huyes a tiempo y sobrevives, vagas por un mundo que desconoces, apenas logras comer carroña de animales muertos antes de ser agredido por algún otro animal más fuerte y salvaje que tú, quizá por tus primos lobos, quienes te dieron la tunda de tu vida.
En algún punto de tu travesía logras captar un olor familiar, humanos, inconscientemente te acercas más y más al lugar de origen de ese aroma que además da confort, te acercas sigilosamente al grupo de humanos que has encontrado y alguno de ellos, al descubrir que se trata de un lobo desconfía, pero respondes con un “hola” humano, el cuál entiende y te arroja un hueso con algo de carne encima. Eureka! Has conseguido comida.
Merodeas cerca del grupo de humanos y alcanzas la edad adulta, encuentras alguna forma de reproducirte y mantienes a tus cachorros cerca del asentamiento humano, pues representa comida “fácil”, fácil porque todavía no representa un costo para ti, ni para tu linaje. Tus cachorros tienen la misma suerte que tú, son adoptados, encerrados, condicionados y el experimento se repite con tus nietos, bisnietos, y un largo etcétera que dura unos cuantos miles de años hasta que finalmente ninguno escapa, aquellos que no logran responder positivamente al condicionamiento conductual ejercido por los humanos son desechados, expulsados, quizá hasta eliminados, aquellos que presentan un carácter dócil se quedan, la fórmula es sencilla.
Aquí termina el ejercicio mental...
Ahora un poco de perspectiva.
Han pasado unos cuantos miles de años, la selección artificial ejercida por el ser humano ejerció presión sobre la especie, al igual como ha sucedido con gallinas, vacas, caballos, etc. y los individuos dóciles son ahora de un color “menos salvaje”, quizá un poco más blancos, quizá con pelo más corto que sus ancestros y por qué no? Sus orejas son más grandes y caen a los lados de tus mejillas. Pero espera, todavía estamos hablando de lobos, solamente que ocurre que se ven un poco distintos, esto quiere decir que internamente nuestros nuevos y domesticados amigos guardan la genética de sus primos salvajes, es más, de vez en cuando hay cruces con lobos salvajes, lo cual da como resultado una estirpe de “perritos más salvajes” que lo ahora común, no pasa nada, serán eliminados.
Ahora bien, ¿cuáles son los elementos que prevalecen en toda esta historia? El instinto, la naturaleza propia de la especie y la genética. ¿Y qué significa todo esto?

Significa que después de varios miles de años (entre 10,000 y 11,000 años para ser más precisos) hemos sido capaces de modificar caprichosamente el físico de nuestros amigos peludos, tan es así que actualmente la Federation Cynologique International (F.C.I.), (organismo que agrupa a casi todos los clubes caninos del mundo) reconoce oficialmente la existencia de 341 razas caninas. Es decir, hemos sido capaces de modificar físicamente al Canis lupus de 341 formas significativamente distintas (no en un sentido estadístico) derivando en lo que hoy en día se denomina Canis lupus familiaris que en términos coloquiales representa una sub-especie de Canis lupus (lobo).
Más perspectiva: se calcula que el lobo tuvo su origen hace aproximadamente 400,000 años (el ser humano hace aproximadamente entre 140 000 y 290 000 años) es decir, los lobos llevaban ya varios cientos de miles de años más que los humanos siendo quienes son, y apenas el 2.5% de su existencia han convivido con el ser humano, los números por sí mismos, sin hacer un análisis genético que incluya tasas de mutación, registros fósiles etc., nos indica que es muy poco el tiempo en que los canes han sido sometidos a modificaciones, tan es así que las especies de lobos y perros domésticos son capaces de tener cruces y descendencia viable, o sea, bebés “perros-lobos” que a su vez son capaces de tener descendencia, en resumen, evolutivamente hablando se trata aun de la misma especie.
Y bueno todo eso qué tiene que ver con Firuláis?
Resulta que las modificaciones provocadas en nuestras amadas mascotas apenas han tocado la capa superficial, cosas como el pelaje, tamaño y proporciones de los huesos, tamaño de orejas, narices, colas, etc. Pero en escancia lo que tenemos frente a nosotros es un lobo contenido en un cuerpo bastante poco dotado de la fuerza y capacidades propias de su especie, además de un sinnúmero de padecimientos y enfermedades resultado de la ya mencionada manipulación artificial. Y hago énfasis en este punto porque aquí está la respuesta a la pregunta inicial ¿porqué se vuelven locos? Y por si no se ha vislumbrado la respuesta aquí está: No, no se vuelven locos, ejercen su naturaleza de lobos, aún no ha pasado el suficiente tiempo para romper ese lazo que los une con sus primos salvajes, aún sientes deseos de correr, de cazar, de morder presas, de correr en la nieve, de explorar, de pelear, de mostrar su fuerza, de establecer jerarquías y probarse ante una manada, de correr semanas enteras a lo largo de cientos de kilómetros y encontrar ríos, lagos, presas, etc.
Parece muy lógico mencionar que si dejamos a un perro doméstico en la naturaleza, salvo algunas razas bastante bien dotadas, la gran mayoría moriría rápidamente, ya sea como presa de un depredador, que por supuesto no lo identifica como una especie depredadora tope (¡vamos! ¿Quién percibiría a un pug, víctima de dolor constante de cabeza y ojos desorbitados como una especie depredadora?), cayendo de un precipicio, roca o simplemente muriendo sofocado o por un paro cardíaco, una tragedia. Sin embargo cualquier perro doméstico actual lo intentaría, dado que su instinto le dice ¡Adelante! ¡Un lobo es capaz de sobrevivir a todo! Pues tiene esa necesidad, salvo que su cuerpo no se lo permite.
Segundo y muy breve ejercicio mental: Imagina ser un lobo, macho alfa, capaz de cazar animales del triple de tu peso, capaz de defender tu territorio, soportar las inclemencias del medio ambiente, heridas, hambre, sed, etc., pero despertando y contenido en el cuerpo de un pug. No sé tú, yo me volvería loco de inicio, pero la prueba de compostura no termina ahí, lo primero que hueles por la mañana es comida, la cual no tienes idea del porqué pero te hace sentir un deseo desenfrenado por comerla, pero espera, hace frio, debes usar tu suéter, espera! tus botas, bien, ¡corre!, no, espera! !Selfie!, !Corre! !No, espera! Tu amo te carga (si corres demasiado te agitas), te pone frente al plato, comes, te sacias, perfecto, ¡corre!, no, espera! Tu corazón. ¡Hora del paseo! ¡Corre!, no, espera, tu correa, collar, suéter más abrigado, ok ok... no podrás correr pero sí caminar rápidamente, disfrutar el césped, ¡no, espera! Tú estómago, la última vez que corriste después de comer terminaste en el hospital, es mejor que camines (me volví loco de nuevo).
Ok ok, sientes raro tu corazón por la ansiedad de que te vas a encontrar con el perro del vecino, ya lo sabes, siempre está ahí, ese pastor alemán creyéndose la gran cosa, si tan solo lo pudieras enfocar bien lo morderías hasta que entienda quién manda, pero tus ojos están desorbitados, bien, a tu amo no le gusta que ladres demasiado, te puedes desmayar, avanzas tranquilo y de pronto sientes un ladrido a un lado que te causa tal susto que sueltas unas gotitas de pipí, demonios!!! Las tenía reservadas para avisar a todo el barrio que este es tu territorio, pero al menos sirvió para confundir al granuja ese y que se quedó olisqueando el piso. Bien, continuamos, por fin llegas al parque, ¡genial! ¡No, espera! Ahora estás cansado y haces un ruido raro con la garganta que hace voltear a todos los otros perros que están siendo paseados.
¡Calor! Mucho calor, tu nariz está tan cerca de tu cráneo que es imposible enfriar el aire, pero, pero, quieres correr, oler los traseros de otros perros, pero, ese ruido en la garganta aumenta, tu dueño te carga, te desorientas, despiertas en casa, ves caras preocupadas alrededor. Se acabó el paseo... ok en este punto ya no se puede pedir que no enloquezcas, seguramente querrás morder a cualquier ser vivo que se te cruce por enfrente, no te culpo amiguito. Ese, fue el precio que tus ancestros no sabían que pagarían, y que de hecho estás pagando tú.
Moraleja: cada una de las especies de este planeta tiene una serie de características que deberíamos respetar tal cuál exigimos respeto por nuestra condición humana, estoy seguro de que si un perro pudiera hablar lo primero que pediría sería respeto por la naturaleza propia de su especie, exigiría menos trato de bebé y más trato de perro. Tradicionalmente se piensa que darle un trato de perro a un perro es denigrante, lo cual es un gran error, pues ¿qué mejor que tratar a un perro como lo que es? Ellos no sufren por no tener zapatos, no se sienten desdichados por no comer sobre una silla del comedor, no se sienten menos festivos si no traen puesto un gorro de fiesta. Sin embargo sí que caen en miles de frustraciones todos los días, tienen energía e instinto que requieren ser expresados.
Continuamente nos preguntamos por ejemplo, ¿porqué mi perro tiene actitudes antisociales? Pero, ¿cuándo nos preguntamos si damos oportunidad a nuestro perro de actuar como tal? Si lo tratamos como un bebé le enseñamos un lenguaje y actitudes que no tienen nada que ver con un perro, si los tratamos como niños pequeños o peluches ocurre lo mismo. Si queremos ver sufrir a tu perro, entonces ignora que su naturaleza es distinta a la tuya.
Hay un ejemplo que siempre doy a las personas que me buscan porque su perro, siendo siempre dócil y controlado de pronto se volvió loco y que ayuda mucho a comprender el enfoque de nuestros perros. Imagina que finalmente llega una raza extraterrestre que de alguna manera logra dominar al ser humano, digamos que no lo elimina a pesar de ser potencialmente peligroso, sino que lo domestica y se sirve de sus habilidades, y decide que no es bueno darle un trato de ser humano al ser humano, porque lo considera algo indigno, además digamos que esta raza extraterrestre vive el 100% de su vida desnuda y decide que sin importar lo que desee la raza humana debe vivir desnuda, pues es lo más digno que se puede hacer, así que eliminan la ropa en los humanos.
Acaso no se levantaría una revuelta a nivel mundial dado que “no se está respetando a la especie humana como tal” se estaría transgrediendo la moral, la dignidad, etcétera humanas coincidiría la mayoría. Bien, lo mismo harían los perros por el trato irrespetuoso de su naturaleza canina si tuvieran la oportunidad.
Nota: la raza pug se usó como mero ejemplo ilustrativo, pues en la mayoría de ejemplares de la raza converge una gran cantidad de afecciones, enfermedades y padecimientos que sufren los perros contemporáneos, personalmente pienso que no era necesario crear una raza que sufre tanto, como resultado del capricho humano, pero lo que sí es cierto es que merecen el mismo trato digno que el resto de razas caninas.
Conclusión: Un perro es feliz siendo perro, no más, no menos