Día Nacional del Xoloitzcuintle
- Apr 21
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ESP
El pasado jueves 16 de abril fue aprobado oficialmente el “Día Nacional del Xoloitzcuintle” (27 de octubre) y en lo personal me da mucho gusto, el por qué lo expondré en los siguientes párrafos, pero además siento un compromiso personal por comentar al respecto, en parte por el hecho de que nací en tierra Azteca y he sido testigo de su importancia cultural y en parte por el profundo amor que le tengo a nuestros compañeros cánidos, además de mi labor como terapeuta conductual canino, donde he tenido oportunidad de trabajar con algunos de sus ejemplares.

La historia de la raza es larga y sumamente interesante, pero trataré de ser breve. Para empezar, biológicamente es única, ya que se trata de una de las razas más puras que existen, pues surgieron por selección natural y no por intervención humana ni entrecruzamiento de otras razas, como sucede con la mayoría de las razas que conocemos actualmente. Se considera que estos guerreros todo terreno tienen más de 3,000 años en este mundo y estudios de ADN han demostrado que su linaje es distinto al resto de las razas de perros americanas, es decir, que proviene directamente del lobo americano y euroasiático.

Uno de los aspectos más conocidos mundialmente sobre la raza es su importancia en la cultura Mexica (Imperio Azteca) y otras culturas Mesoamericanas como animal sagrado y guía hacia el inframundo (Mictlán), derivado de múltiples referencias en documentos prehispánicos, arquitectónicos y esculturas, relacionándolo directamente con el dios Xolotl (hermano gemelo de Quetzalcóatl), uno de los dioses que simbolizaban la muerte y la transformación.
Pero la presencia de los xoloiscuitles en la vida de los pueblos prehispánicos fue más allá de la cosmovisión de la muerte, pues se han encontrado registros que hablan de ejemplares usados en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana de la época: en rituales religiosos; como animales de compañía (mascotas) y como perros de uso militar en las expediciones Azteca hacia territorios y rutas comerciales.
Para fines terapéuticos, debido a que la temperatura corporal de los perros es más alta que la de los humanos y por la falta de pelo, que facilita la transmisión de calor, se “prescribía” dormir acompañado por uno de ellos como cura de reumatismo.

Uno de los aspectos menos mencionados y no menos importantes sobre la raza es que existía una variedad de xolos que eran utilizados como alimento (además de otras prácticas como la cacería) para obtención de proteína animal, ya que antes de la invasión española, en América no existía la ganadería. Este último aspecto fue de hecho usado como pretexto para eliminarlos y casi provocó su extinción por parte de los colonizadores españoles, por considerarlo un acto atroz y “diabólico”, estableciendo campañas de exterminio por todo el territorio conocido hasta ese momento.
Mucho tiempo después la raza surgió prácticamente de entre las cenizas, cuando en la década de los 50´s unos cuantos entusiastas realizaron excursiones a zonas remotas del País, exclusivamente dedicadas a encontrar ejemplares puros y reproducirlos, lograron finalmente salvarlos de la extinción y estableciendo la pauta para su crianza y recuperación. A partir de entonces ha formado parte esencial en el en el arte popular mexicano con fuerte presencia en obras de los artistas mexicanos más reconocidos a nivel mundial.
Actualmente gracias a prácticas de crianza responsable y facilidad de transporte ésta icónica raza cuenta con ejemplares en todo el mundo y muchos somos los afortunados que hemos podido tener ante nuestros ojos su rara belleza, quienes los hemos visto y acariciado hemos sido testigos de su formidable porte, carácter y calidez, además de su belleza física, que parece esculpido a mano con barro.
En mi opinión no cabe duda de que la raza merece un lugar en nuestras festividades, y definitivamente es motivo para celebrar, ya que se trata de un elemento fundamental en la cultura mexicana desde sus orígenes, un símbolo de la prevalencia, fuerza y resiliencia e identidad.

Como alguien que se precia de valorar la verdadera cultura mexicana, me hace feliz saber que se hace honor a una de las razas más increíbles del mundo, que además trascendió el mundo de los vivos y nos acompañará también en la muerte.

Por: Dave Barba
Terapeuta Conductual Canino
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National Xoloitzcuintli Day
Last Thursday, April 16, the “National Xoloitzcuintli Day” (October 27) was officially approved, and personally, this makes me very happy. I’ll explain why in the following paragraphs, but I also feel a personal responsibility to comment on it—partly because I was born in Aztec land and have witnessed its cultural importance, and partly because of the deep love I have for our canine companions, as well as my work as a canine behavioral therapist, where I’ve had the opportunity to work with some of these remarkable dogs.
The history of the breed is long and fascinating, but I’ll try to be brief. To begin with, biologically it is unique, as it is one of the purest breeds in existence, having arisen through natural selection rather than human intervention or crossbreeding, as is the case with most breeds we know today. These all-terrain warriors are believed to have existed for more than 3,000 years, and DNA studies have shown that their lineage is distinct from other American dog breeds—that is, they descend directly from the American and Eurasian wolf.
One of the most widely known aspects of the breed worldwide is its importance in Mexica (Aztec Empire) culture and other Mesoamerican cultures, where it was considered a sacred animal and a guide to the underworld (Mictlán). This belief is supported by numerous references in pre-Hispanic documents, architecture, and sculptures, linking the breed directly to the god Xólotl (the twin brother of Quetzalcóatl), one of the deities associated with death and transformation.
However, the presence of Xoloitzcuintlis in pre-Hispanic life went beyond beliefs about death. Records show that they were used in virtually every aspect of daily life at the time: in religious rituals; as companion animals (pets); and even as military dogs in Aztec expeditions across territories and trade routes.
For therapeutic purposes, because dogs have a higher body temperature than humans and, in this case, lack of hair facilitates heat transfer, it was “prescribed” to sleep alongside one of them as a remedy for rheumatism.
One of the lesser-mentioned, yet equally important aspects of the breed is that there was a variety of Xolos used as a food source (along with other practices such as hunting) to obtain animal protein, since livestock farming did not exist in the Americas prior to the Spanish invasion. This aspect was, in fact, used as a pretext for their eradication and nearly led to their extinction at the hands of Spanish colonizers, who considered it an atrocious and “diabolical” act, launching extermination campaigns throughout the known territory at the time.
Much later, the breed rose practically from the ashes. In the 1950s, a small group of enthusiasts undertook expeditions to remote areas of the country, dedicated exclusively to finding pure specimens and breeding them. They ultimately succeeded in saving the breed from extinction and set the foundation for its preservation and recovery. Since then, the Xoloitzcuintli has become an essential element in Mexican folk art, with a strong presence in works by some of the most internationally renowned Mexican artists.
Today, thanks to responsible breeding practices and ease of transportation, this iconic breed can be found around the world. Many of us are fortunate enough to have witnessed its rare beauty firsthand. Those who have seen and touched them have experienced their remarkable presence, character, and warmth, as well as their physical beauty, which seems sculpted by hand from clay.
In my opinion, there is no doubt that this breed deserves a place in our celebrations, and it is certainly something worth honoring. It is a fundamental element of Mexican culture since its origins—a symbol of endurance, strength, resilience, and identity.

As someone who takes pride in valuing authentic Mexican culture, it makes me happy to know that tribute is being paid to one of the most incredible breeds in the world—one that has transcended the realm of the living and will accompany us in death as well.

By: Dave Barba
Canine Behavioral Therapist



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